Con Benedicto XVI, perdemos los ateos al único interlocutor de fuste en el mundo moderno
¿ES Dios, acaso, una isla, aquella cuya ausencia añora la miseria de los hombres y de la cual John Donne habría dado imagen invertida en la conciencia humana: «ningún hombre es una isla, para sí misma plena»? Dios lo es. Puesto que nada determina a un infinito. Ni lo afecta....

