Guardas la imagen de aquel casino, a esta hora del primer café de la tarde, y aunque el aire de la memoria es incapaz de acercarte aquel olor único que para ti tenía el café, sí recuerdas la estampa por donde se mueven los personajes: un hombre solitario, sentado a una mesa, tratando de cuadrar un solitario de naipes; cerca, dos hombres jugando al billar, golpeando...

