La Troika llegó ayer a Madrid no sé si a examinar la tapadera de Las Ventas del Espíritu Santo, que era una cosa muy pija, un cesto de Estrasburgo («el progreso es el progreso», presumía el empresario antitaurino de la plaza), pero la tapadera se la llevó el viento y a la Troika no le quedaría otro remedio que pasarse por Lucio a despachar un cochinillo.
Tratándose...

