«El odio a España y el vejamen de sus símbolos han sido durante cuatro decenios el hilo conductor de unos planes de enseñanza –apoyados por una prensa, un cine, unas artes plásticas, en suma, por una “cultura” envilecida– que han expulsado a las afueras del sistema a las generaciones asilvestradas del llamado “antisistema”»
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