«A determinados sectores de la opinión pública española les basta una palabra desafortunada, una frase salida de tono, un desliz verbal, para rasgarse las vestiduras. Su vello se eriza sin remedio ante el menor intento de perturbar la felicidad formal. La hipersensibilidad epidérmica suele esconder con frecuencia crueldad de fondo. Una sociedad desalmada»
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