«El comunismo de nuestros días, con unos u otros disfraces, mantiene su orgullo, no suele pedir perdón por los crímenes de Stalin, y sigue presentando su historia como un camino hacia la democracia y la libertad. Ante la tumba de Bulgákov en Novodévichy me pregunté cómo puede mantenerse tal ficción a través del tiempo»
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