«Al beatificar a los mártires, la Iglesia no apunta a los culpables de sus muertes; apunta al potencial de humanidad que se encierra en aquellas vidas entregadas. Los mártires son ejemplo de generosidad, porque son ejemplo de fe. Ellos habían encontrado el tesoro de su vida en el amor de Dios: lo tenían todo. No tenían que buscar nada más»
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