«Arrebatarle a España el nombre ha sido la primera forma, la más sutil e irresistible, de vaciarla de significado. España ha pasado a ser menos que un nombre. Ha adquirido la penosa condición de un adjetivo que califica, con la accidentalidad propia de su carácter, a lo que parece realmente sustancial: el Estado que unas cuantas naciones se ven en la obligación...

