Valentino Rossi tenía hasta ayer muchísimos seguidores en el mundo. Su magisterio sobre la moto, sus triunfos y su buen talante fueron el mejor nutriente de la simpatía general que despertaba. Con su comportamiento en la penúltima carrera del Mundial, en Malasia, tiró por la borda esa admiración. Echar del circuito a un rival propinándole una patada en el carenado,...
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