Nadie esperaba ayer a Dolores Agenjo a las puertas del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, donde declaró como testigo. Ni una bandera, ni una pancarta, ni un bastón de mando levantado hacia el cielo, ni un grito de apoyo. No tuvieron que poner vallas los del Ayuntamiento para acordonar la zona y darle anchura y empaque a un paseíllo que transcurrió con...
Suscribete para leer la noticia completa:

