Bruselas siempre parece designar a un comisario entre cuyos objetivos parece estar el amargar la existencia a España. Ocurrió a finales de los noventa con el austriaco Fischler, que la emprendió contra el olivar más imponente del planeta, o más recientemente con la sueca Malmström, empeñada en verter sobre España inaceptables acusaciones de racismo, tortura institucional...
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