Tres años y dos semanas –el tiempo que va de la primera Diada precocinada a las elecciones del 27-S; introducción, nudo y desenlace– ha necesitado Artur Mas para poner de manifiesto el alcance y el recorrido de una estrategia basada en su astucia, único elemento integrador de su empresa soberanista. Poco menos de diez minutos, en cambio, han gastado los partidos...
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