No hay mejor defensa que un buen ataque. Y no es un aforismo bélico de algún sabio chino, sino un proverbio futbolístico. También es aplicable a la política. Cuanto más tiene uno que callar, cuantos más flancos abiertos tiene, nada mejor que cambiar el paso y lanzar unos buenos dardos, que ya habrá quien caiga en la trampa. En una maniobra evasiva de este porte...
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