En este país encantan las malas noticias. Y en Galicia, más. Donde esté un buen suceso, con toda la hemoglobina y el amarillismo que se pueda obtener, que se quite un crecimiento del PIB, una cifra récord de visitantes o una subida de las exportaciones. Si podemos solazarnos con lo mal que va todo, si detrás de una pancarta hay sitio para protestar contra el...
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