Imaginen que a un cantante de credo musulmán y filias palestinas, pero cuyas canciones no contienen un gramo de política, un grupúsculo sionista le monta un boicot en un festival, subvencionado con dinero público. Imaginen también que, acobardaditos, los organizadores ceden al chantaje y le piden que, si quiere cantar, debe antes grabar un...
Suscribete para leer la noticia completa:

