Cuán diferentes estos dos abrazos, tanto que su comparación estremece. A la derecha, el humano y sobrecogedor abrigo de unos brazos que tratan de arropar a la madre de Laura, que estrella su mirada perdida contra el suelo, con el ánimo desmadejado y el alma hecha añicos por la hija arrebatada por la bestia, sin entender aún cómo es posible que ya no vaya a verla...
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