Vamos cumpliendo años y los cuerpos ya no son los que eran... Lejanos aquellos tiempos en los que Vladímir I se retrataba, torso al aire, cabalgando veloz y altivo como un centauro por los alrededores de su dacha del mar Negro, o acariciando tigres, o rifle en mano entre la maleza buscando audaz la pieza, o haciendo un «o soto gari» al rival con el quimono puesto...
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