Hasta la pasada primavera –finales de mayo, primeros de junio– era Pablo Iglesias, malcarado y premeditadamente odioso, el político que más miedo daba a una gran clase media genéticamente impresionable y conservadora, una gente que lo más lejos que había llegado era a votar en 1982 al PSOE, que por entonces iba a dejar España que no la iba a conocer ni la madre...
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