La cosa está que arde. Y no me refiero a Grecia –que también–, ni a la realidad política española –que por supuesto–, ni qué decir del drama de la inmigración o el terror islamista. Es como si el infierno estuviera en el termómetro y en todas y cada una de las páginas de los periódicos europeos.
Lo que ocurre es que por una vez, y sin que sirva de precedente,...
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