La amputación de miembros no conlleva en el clasicismo griego merma alguna de la belleza. Ahí están el Hermes de Praxíteles o el Auriga de Delfos, ambos mancos, para percatarse de que las extremidades superiores resultan accesorias en determinadas circunstancias, escultóricas o políticas. Ayer dijo Varufakis que prefiere cortarse un brazo a firmar un mal acuerdo...
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