«Todo esto, para el cine Alhambra», decía Castelo cuando uno se detenía en los objetos, divinos y paganos, imágenes de vírgenes y cupletistas, que atesoraba en su casa, almacén de memorias en el que, pese a alguna pieza de Benlliure, destacaba su alacena, bien provista de jamón del bueno y bajantes de Cazalla. «Come, niño, tanto hablar...». Hasta su cierre en...
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