A seis meses de las elecciones generales, y con el verano de por medio, la sociedad española da por superada la fase de miedo, quizá pánico, que en las anteriores elecciones a Cortes la llevó a entregarse en masa al Partido Popular, que es el santo al que con más desgana que convencimiento se suele encomendar cuando vienen torcidas. No es mala señal. La fragmentación...
Suscribete para leer la noticia completa:

