A Paulino Rivero se le llenaba la boca de combustible y se ponía a cien, a todo lo que daba, cuando Repsol, con la mediación de un buque perforador, buscaba hace unos meses petróleo frente a las costas de Fuerteventura y Lanzarote. Metido a activista de un ecologismo selectivo, el peor de todos, más dañino que una planta química deslocalizada y de chapa, pero...
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