Tradicionalmente, la hora punta de la Semana Santa convierte la ciudad en un desierto de almas. Pero la urbe, no crean, no queda sola, sino que en realidad en ella se produce un cambio de guardia: se van los de dentro, por millones, y ese vacío lo llenan en parte los que vienen de fuera, por cientos de miles. Madrid, sin ir más lejos, presenta estos días santos...
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