Pocas familias han podido evitar en los últimos años el arañazo de la crisis. Tener a un hermano, un hijo, un padre o un cónyuge sin empleo –o en la ruina– se ha generalizado en España hasta el punto de representar, para quienes han logrado salir a flote, un certificado de idoneidad social y solidaridad con el que manejarse por el paisaje de la exclusión. Se...
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