Mientras recorría la capilla Sixtina, Angela Merkel, que es más de playa que de ver museos y a la que incluso el barroco de Baviera le coge lejos, anduvo el pasado viernes dándole vueltas a su entrevista con el Papa. Entre tanto ángel y demonio, la pobre mujer no sabía por dónde empezar. Satanizada por el populismo, la canciller alemana representa el mal absoluto...
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