Descascarillado y víctima de las chapuzas de su faraónico planteamiento, sin el trencadís cerámico con que lo quiso envolver –para regalo– Santiago Calatrava, el Palau de les Arts de Valencia es el envase que, con el tiempo, mejor ha llegado a identificar su contenido, como el tambor al detergente en polvo o la botella labrada al anís. El proceso de deterioro...
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