Con un saludable realismo, en medio de la dulzura de la Navidad, la Iglesia nos hace escuchar el Evangelio en que Jesús advierte a los suyos que serán odiados a causa de su nombre. Los cristianos de Siria e Irak no necesitan este incómodo aldabonazo porque viven esa dramática experiencia desde tiempo inmemorial, aunque en los últimos años la dureza de la persecución...
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