No fue una catequesis teologal, sino una sonora llamada de socorro. Sencillo y directo, claro y sin rodeos, el Papa Francisco no se suele ir por las ramas. Ayer tampoco lo hizo durante su bendición urbi et orbi, en la que evitó los lugares comunes de una celebración universal para detenerse en todas esas lágrimas que no dejan de brotar en Navidad, fiesta que...
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