Hay sentimientos inexplicables si no se viven. Inauditos. Insoportables. Póngase en el lugar del padre o de la madre de Nerea, de 16 años; de Ana, de 15, o de Michel, de 12, cuando de madrugada llamaron a sus puertas y el alcalde del pueblo o el guardia civil de turno les dio la peor noticia de sus vidas. Inimaginable.
Antes de las ocho de la madrugada, un hombre...
Suscribete para leer la noticia completa:

