El mayor daño causado por los políticos inmersos en casos de corrupción no es el dinero sustraído, sino la corrosión de la confianza necesaria para cualquier convivencia que merezca ese nombre. Regidores que habían recabado apoyos consistentes y perdurables de sus vecinos han quedado de pronto con las vergüenzas al aire, generando un aire tóxico, mezcla de irritación...
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