Admitámoslo, el primer problema de España es España. Y siempre ha sido así desde el noventa y ocho a esta parte, que algo ha llovido. Porque el primer problema de España no es Artur Mas ni tampoco el jacobino Junqueras o la señora del pelo blanco de la ANC – no recuerdo cómo se llama –, sino el antiespañolismo visceral de los españoles, su ya crónica interiorización...
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