Tan poco dado a las confidencias, los juegos malabares de los periodistas y las quinielas de «ministrables», Mariano Rajoy apenas dejó ayer dos o tres horas de diversión y de entretenimiento ñoño a los especuladores de redacción y a los arúspices de los servicios informativos. Acababa de anunciar Alberto Ruiz-Gallardón un adiós a la política que nadie imaginó...
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