Tras veintiún días en cuarentena –la única soledad involuntaria que resulta terapéutica–, la hermana Juliana compareció ayer para contar en primera persona la odisea que ha vivido en este «verano del ébola». Repatriada desde la «zona cero» de la epidemia, en Juliana el virus letal nunca pasó de ser una sospecha agorera. Pero el hecho de que todos los que trabajaban...
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