Ocho siglos lleva labrado el busto del Apóstol en el altar mayor de la catedral. No hay peregrino llegado a ese «milagro en piedra» que no suba al camarín del santo y abrace su barbada imagen. Ayer Merkel cumplió con el ritual, igual que millones de personas a lo largo de la casi milenaria historia de esta fulgurante ruta espiritual que remata en un confín de...
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