Me imagino lo que debe suceder cuando a un israelí le dice su vástago que se quiere casar con una palestina, o cuando a una familia palestina le informa su hijo de que se quiere casar con una judía. Los Montescos y los Capuletos se odiaban, pero no había muertos por en medio, y era más bien una rivalidad de prestigio. Aquí hay cadáveres, terrorismo y una guerra,...
Suscribete para leer la noticia completa:

