En verano, la carne parece que recupera el paraíso perdido y comprueba que la desnudez, aun parcial, nos enlaza con un tiempo libre de compromisos con las convenciones. El pudor atávico se pierde a la entrada de la playa, y la inhibición se deshace como la arena al cabo de una semana. El cuerpo del mono desnudo se ofrece al sol, y la caricia de los rayos infrarrojos...
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