Desde que la monja antisistema de la Cuatro y el resto de su orden mendicante comprobaron que podían sacar más tajada de sus jaculatorias a través de la tele y el Twitter que acampados en la calle, España se ha quedado como una balsa de aceite: ni una manifestación de encapuchados, ni una voz más alta que otra, desde que el 25-M sellaron sus boletas para Estrasburgo...
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