Escribir para los niños es un ejercicio de audacia inmenso, pues se trata, en el fondo, de venderle imaginación a quienes la tienen de sobra. Es como venderle hielo a los esquimales o crecepelo a un rastafari. La infancia es una mafia, un clan, una selecta secta cuyos miembros no admiten fácilmente infiltrados y que se reconocen entre sí mediante claves imposibles...
Suscribete para leer la noticia completa:

