Resulta cierto que ser inteligente es saber reírse –y que se rían otros– de uno mismo. Pero de la ironía inteligente de tantos maestros del humor, a la idiotez multimillonaria de tantas supuestas estrellas de la tele, parece que hay tan sólo un paso. Aquí vale que un gracioso forrado de pasta y de pisos –siempre y cuando vaya de «progre»– llame «Leire Masturbito»...
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