Hubo quien ayer aprovechó su turno de palabra para tirar de emotividad y hablar de ilusión, esperanza y sensaciones. Fue un conmovedor detalle de escapismo naíf –disolvente que utiliza el separatismo para rebajar la dosis de racionalidad que exige la política– en una sesión en la que, sin embargo, tocaba hablar de Derecho. Lo hizo, sereno, con la firmeza que...
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