Definitivamente, lo de Jordi Pujol y las «chonis» tiene algo de tensión sexual no resuelta. Que el pasado viernes, el ex presidente de la Generalitat repitiera el mismo discurso de hace tres años respecto al éxito de un soberanismo poligonero, solo puede interpretarse como una obsesión por el exotismo del arrabal. Está claro que al longevo convergente le marcó...
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