El nacionalismo es una enfermedad moral que no posee cura conocida; en parte alguna, ni aquí ni en Lima. Así las cosas, como terapia únicamente caben aquellos cuidados paliativos que Ortega en su día llamó «conllevancia», el muy estoico lidiar con los estragos más virulentos de un mal que se sabe crónico. Porque hay problemas políticos que, simplemente, no tienen...
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