«La desesperación puede con todas las vallas». Lo dijo ayer, a muy pocos metros de la frontera, el portavoz del Gobierno de Melilla, convencido de que asaltos como el de la madrugada de ayer no se van a detener. Divididos en tres grupos, ochocientos inmigrantes lo intentaron y solo diez lo consiguieron. Quince se quedaron durante horas en tierra de nadie, agarrados...
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