Las averías en los aviones del Ala 45 están pasando de castaño oscuro. Y la culpa no es, seamos sinceros, ni del Ejército del Aire, ni del Ministerio de Defensa. La culpa es de la demagogia que nos invade. De la imposibilidad de gastarse lo que corresponda en unos aviones decentes por eso del qué dirán –mejor dicho... del qué diremos– y por ser política y presupuestariamente...
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