La Torre de Hércules cambió ayer su traje acastañado de siempre por uno más festivo y alegre. Y no lo hizo precisamente para celebrar el verdor innato de las praderas gallegas, que hoy ya brillan en todo su esplendor ante la inminente llegada de la primavera, sino para conmemorar a otro país, también verde, en su día grande. El faro de origen romano quiso rendir...
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