EN estos días azules comienzan en nuestras calles la celebración de las carnestolendas. Luz, color y armonía o pis, hedor y algarabía según el punto de vista del lector más o menos aficionado al bailoteo en la vía pública. En tal caso una cosa se asocia inexorablemente a la otra: no hay carnaval sin hedor como no hay servicio público sin lo mismo. La despreocupación...
Suscribete para leer la noticia completa:

