Se fue a rezar, a escribir y a tocar el piano a un convento, justo a las espaldas de una Curia a la que en sus últimos sermones enseñó los dientes y tachó de hipócrita. Benedicto XVI planteó su retirada como un trauma institucional, como un golpe seco y directo a la Iglesia, aquella «Chiesa» cuyo nombre solía susurrar en italiano y a la que hace ahora un año...
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