Se vuelven a poner las baldosas donde estaban y se acabó lo que se daba. El alcalde de Burgos no aguanta la presión y le da carpetazo a un plan urbanístico –no muy distinto a los que en los últimos años han levantado aceras y ánimos en media España, kilómetros cúbicos de hormigón y protesta– que por la noche le daba problemas de sueño y de día le ensuciaba de...
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