Lo peor de la escena no es el gesto, ni siquiera las palabras del adolescente del chándal que recibe a las víctimas del terrorismo con un nauseabundo «A vuestra puta casa». No. Lo peor de la secuencia es la mujer que aparece junto a él, que bien puede ser su madre, y que le reprende con una media sonrisa cómplice, como si el adolescente del chándal, representante...
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